En las Profundidades

Relato para el concurso del GT de talavera, El Retorno

Mi participación en el GT de Talavera, el Retorno ha sido de todo menos tranquila. Durante la madrugada del viernes, horas antes de salir para el evento, me confirmaron que me necesitaban para sustituir a un jugador que causaba baja por intervención de Nurgle. Así pues, en menos de un día tuve que estudiarme su lista y trazar un par de estrategias locas en mi cabeza. Había más; tuve que pintar hasta la madrugada del mismísimo sábado.

Sin embargo, no sólo me tocó correr para jugar, ya que decidí presentarme al concurso de relatos a menos de una semana de la fecha límite para la entrega de los textos. Como un Ángel oscuro de pro no se arredra ante nada, me senté frente al PC y pensé rápidamente en qué tipo de historia quería contar. Dado que el GT de Talavera tendría lugar en el día de Todos los Santos, la opción lógica fue el terror. Y con el programa de La Voz de Horus acerca de la Casa de las Sombras todavía fresco en la memoria, empecé a teclear.

En Las Profundidades

Ser bueno en tu trabajo es a veces una maldición, reflexiona Siton. Después de todo, si no hubiera tenido un índice tan alto de casos resueltos, no habría llamado la atención de su Señora ni le habrían asignado esta misión.
Echa de menos a sus compañeros de la guardia Palatina. No puede evitar sonreír al pensar en Gelos y sus bufonadas. No importa cuán peligrosa sea una situación o lo dantesco del escenario de un crimen, el oficial Gelos siempre consigue encontrar el lado humorístico al asunto… Como aquella vez, cuando perseguían al destripador del sector 13-B y dijo aquello de: “…Y luego dicen que la belleza está en el interior”, señalando a los intestinos desparramados de la tercera víctima. Maldita sea, cómo añora la compañía de ese cabrón.
Aquí, en los niveles más profundos bajo la Colmena Primus, no hay nadie que le distraiga de su ánimo sombrío. El aire reciclado apenas es respirable a esta profundidad y no hay luz. Prefiere no llamar la atención encendiendo su lumen portátil así que confía en el espectro de visión aumentado que le proporciona su ojo cibernético. Odia esta oscuridad, odia el aire reciclado y odia la humedad asfixiante que empapa su gabardina de sintapiel. Siton está casi seguro de que esta es la misión que más ha odiado en toda su carrera.
Lleva semanas detrás de su objetivo, siguiendo pistas cada vez más elusivas y arrancando confesiones a los peores desechos de la subcolmena. Al principio el trabajo era muy similar al de cualquier otra investigación: observar, escuchar, atar cabos y, sólo de vez en cuando, ejercer un uso controlado de la violencia. Sin embargo, cuanto más descubría, más siniestro parecía el caso y más terribles eran sus implicaciones.
Sus pesquisas le habían llevado a un almacén no registrado regentado por lo que sólo podían ser miembros de la casa Delaque. La sutileza del trabajo impedía al Ordo tomar cartas directas en el asunto, por lo que Siton se había visto obligado a buscar una solución alternativa. Ypiretra, su contacto -y antigua amante- en la casa Escher, había actuado según lo esperado. El ataque sobre el almacén dio al investigador la distracción que necesitaba para escabullirse en el interior. Como esperaba, el almacén contenía diversos materiales de dudosa legalidad, todos ellos destinados a la fabricación de un extraño exoesqueleto.
Sitos no es un Magos Biologus, pero sabe distinguir un interfaz diseñado para organismos Xeno cuando lo ve. Lo que había en ese almacén no estaba pensado para ser utilizado por nada remotamente humano.
Desde el día de ese descubrimiento, y con la autorización de su Señora, su tarea ha sido la de ser la sombra de La Casa de las Sombras. Una tarea ingrata y difícil. Siempre al acecho y un paso por detrás de los extraños miembros de la Casa Delaque, Siton ha logrado sin embargo encontrar un rastro. Y ese rastro conduce siempre hacia abajo, siempre hacia las profundidades.
El investigador ha sido testigo de las reuniones de los Delaque. Extraños encuentros en lugares secretos en los que nadie pronuncia una palabra. Los deformes miembros de sus bandas simplemente se reúnen en círculo y se mantienen en pie, a veces durante horas, hasta que se dispersan. También ha visto el terrible cambio que sufren los iniciados en la Casa. Hombres y mujeres sin apenas marcas de mutación que se convierten en los extraños monstruos sin pelo ni ojos que componen las bandas de la casa.
Ha seguido a varios Delaque de bajo nivel en su organización: individuos cuyos rasgos todavía no han cambiado del todo y que aún no se han encerrado en el siniestro mutismo propio de sus superiores. Durante su vigilancia los ha visto dibujar señales aparentemente sin sentido en los muros de los corredores y colectores. Ha copiado y recopilado muchos de esos símbolos, y odia reconocer que su forma basta para atemorizarlo de algún modo. Pero su trabajo ha dado los frutos deseados. Ha aprendido a discernir algunos de los patrones de los elusivos Delaque. Con este conocimiento ha sido capaz de identificar los lugares secretos de reunión y los pasajes que conducen hacia niveles aún más profundos de la subcolmena.
Hace días que no informa de sus progresos a su Señora. Sabe que debería haberlo hecho. Sobre todo, desde que sus noches empezaron a verse perturbadas por terribles sueños que le hacen despertar sobresaltado y empapado en sudor, pero que no consigue recordar. Siton se justifica diciendo que no quiere perder la pista; que distraerse ahora podría suponer echar a perder meses de duro trabajo. Pero en su interior sabe que este caso ha dejado de ser un trabajo más y se ha convertido en una obsesión. Además, se dice, su búsqueda no ha revelado el premio definitivo: pruebas irrefutables de comportamiento herético o de la asociación de los Delaque con Xeno. Espera y teme que esto cambie tras el día de hoy.
Su presa es elusiva, pero no ha logrado darle esquinazo. Ha seguido al deforme pandillero a través de tortuosos y olvidados túneles de mantenimiento, descendiendo hasta lugares que no figuran en el holomapa de Siton. Nunca antes había llegado tan lejos y su instinto le dice que sólo un poco más adelante se encuentra la clave de todo este desagradable asunto.
Se detiene un segundo y se quita el sombrero para limpiar el sudor que perla su frente e intentar despejar sus pensamientos. Entonces lo escucha. A través del túnel llega hasta él el sonido de lo que parecen voces cantando.
El pulso del investigador se acelera por el temor y la anticipación. Vacila, sólo por un instante, y desenfunda su arma. Es demasiado pesada y no logra acostumbrarse a ella. Se trata de un artefacto extraño, grande y tosco. Su tambor sólo alberga seis proyectiles, y su empuñadura parece diseñada para no adaptarse a la mano. El veterano investigador jamás ha visto nada parecido, aunque su extensa experiencia en la subcolmena le basta para reconocer el sello de los Van Saar detrás de su manufactura. Su Señora le ha hecho entrega del arma en persona: se le ha informado de que es la herramienta necesaria para esta misión. Ha sido probada, según se le ha confirmado, aunque él prefiere no saber cómo. Parte del éxito en su servicio al Ordo se basa en
saber cuándo y a quién hacer preguntas… Pero también cuándo es mejor dejar determinados asuntos en las sombras.
Avanza por los corredores usando el sonido de las voces como guía. La acústica de este lugar es poco fiable, pero Siton no se detiene incluso cuando los cantos cesan. Allí, al final del corredor, hay una luz. Con paso cuidadoso alcanza el extremo del túnel. Desemboca en una antigua cisterna en desuso desde hace años incontables. La luz verdosa proviene de extraños crecimientos fúngicos que parecen poseer alguna cualidad bioluminescente. En el centro de la estructura, a menos de quince metros, varias siluetas de aspecto nefando se reúnen en un gran círculo. Nunca ha estado tan cerca.
Activa la función de grabación de su implante craneal y ajusta las propiedades de visión avanzada para obtener una mejor imagen. Ahora puede verlos con mayor nitidez. Debe haber medio centenar de ellos, todos quietos y expectantes. Es difícil distinguir a uno de otro, sus cráneos sin pelo y piel pálida son casi idénticos y visten todos del mismo modo.
Busca la forma de obtener un mejor ángulo de visión. Si quiere conocer el objeto de esta oscura congregación, necesita saber qué hay en el centro del círculo que forman los seres deformes. No lejos de la entrada al túnel por el que ha llegado hay una vieja escalera metálica. Poniendo extremo cuidado en no ser detectado, Siton asciende hasta una plataforma oxidada donde se agazapa envuelto entre las sombras.
Ahora puede verlos con claridad. El siniestro culto, pues no puede tratarse de otra cosa, rodea una piscina de aguas oscuras que se ha formado al fondo de la cisterna. Algo flota boca abajo en la superficie. Algo claramente inhumano. El círculo de seres deformes se agita, como movidos por un ritmo invisible, y el aire está cargado por una atmósfera de febril anticipación.
De pronto, uno de los grotescos Delaque da un paso al frente y todos los demás detienen sus movimientos ondulantes. Siton observa con horror y excitación al que sólo puede ser el líder de la ceremonia. Camina apoyado en un bastón retorcido y su rostro está plagado de placas metálicas que sostienen un extraño sistema respirador donde deberían estar su nariz y su boca. A su lado, otros dos singulares seres parecen custodiarlo. Se trata de pandilleros cuyas malformaciones han llegado al extremo. Sus grandes cráneos han perdido toda apariencia humana y parecen hinchados y llenos de venas pulsantes. Su atención parece igualmente dividida entre el líder del culto y el ser que flota en el centro de la piscina.
A una señal del jefe del culto, cuatro Delaque entran en las aguas y, con gran ceremonia arrastran a la criatura hasta sus pies. Al mismo tiempo un murmullo recorre a la congregación y, de entre las sombras en la parte opuesta de la cisterna, aparecen más Delaque portando lo que parece una versión finalizada del exoesqueleto que Siton encontró aquel día en el almacén.
El murmullo aumenta en intensidad y el investigador se da cuenta de que sus manos tiemblan. ¿Qué oscura atrocidad está a punto de suceder? El crescendo se hace casi intolerable y el líder Delaque alza los brazos. De su espalda surgen varias extremidades metálicas. Ingenios mecánicos
que parecerían más apropiados para la mesa de un medicae que para una ceremonia siniestra en los niveles olvidados de la subcolmena.
El sacerdote-cirujano se inclina para trabajar en el extraño cuerpo y los congregados cantan de nuevo. Es algo único ver a tantos miembros de la Casa de las Sombras usando su voz al mismo tiempo, pero este hecho insólito queda ensombrecido por el poder terrible y antiguo de las palabras:
“¡Chuhan-R’lega-Niss-Chulua-Riss! ¡Chuhan-R’lega-Niss-Chulua-Riss! ¡Chuhan-R’lega-Niss-Chulua-Riss!”
Siton desfallece. El sonido parece incrustarse en su cerebro, corromper cada una de sus sinapsis y explotar creando visiones detrás de sus ojos. Con horror se ve transportado a través profundidades insondables hasta mares que debieron haber desaparecido hace eones. Allí, entre estructuras ciclópeas erigidas milenios antes de que la humanidad pisara por primera vez el suelo de Terra, puede sentir consciencias alienígenas e inabarcables. La oscuridad y el peso de ese mundo imposible le atenazan, aplastan su espíritu y siente como la cordura se le escapa y se disipa en las corrientes abisales.
La visión desparece y vuelve a estar en la plataforma metálica de la cisterna. Respira agitadamente y tiene que contenerse para no gritar de desesperación. Sólo a través de un esfuerzo titánico de su maltrecha voluntad consigue recuperar algo de compostura. Intenta recordar alguna oración del Credo Imperial, pero de algún modo parecen haber desaparecido de su memoria.
Los cantos han cesado. Todavía temblando, Siton se asoma por el borde la plataforma a tiempo de ver cómo el líder del culto transporta el inmenso cerebro del Xeno hasta la interfaz del exoesqueleto. Gracias al Trono, su grabador sigue activo. Esta es toda la prueba que necesita. Se dispone a marcharse y regresar a los niveles superiores de la Colmena Primus donde el horror es de un carácter mucho más mundano. Sus ojos recorren la insólita reunión una última vez… Y eso es su perdición.
Uno de los Delaque de cráneo hinchado fija sus implantes oculares en él. Siton es consciente al instante de que ha sido descubierto. La abominación no da ninguna señal de alarma, pero súbitamente los ojos de todos los cultistas se fijan sobre él.
Reaccionando por puro instinto, Siton apunta y abre fuego en menos de un segundo. Pese al temblor de sus manos el disparo es certero. El extraño revólver emite el sonido de un trueno que retumba entre las paredes de la cisterna y el proyectil deja a su paso una extraña traza azulada antes de impactar en la cabeza hinchada del Delaque que ha alertado de su presencia. Su cabeza explota en una nube de sangre, sesos y cartílago malsano. El efecto es devastador para todos los Delaque, que se llevan las manos a la cabeza gritando agónicamente.
Siton no pierde el tiempo y desciende a toda prisa las escaleras. Para cuando alcanza la boca del túnel, los cultistas han empezado a recuperarse. Se lanza a la carrera, pero se siente débil y mareado. Los pies le pesan como si fueran de plomo y a su espalda sus perseguidores ganan terreno. Su horror aumenta al darse cuenta de que el sonido de pasos a la carrera llega desde ambos extremos del túnel. Está rodeado.
Busca desesperadamente una salida lateral cuando una mano pálida se aferra a su abrigo. Se gira y abre fuego contra el pandillero, pero esta vez su muerte no tiene el mismo efecto debilitante en sus congéneres.
Una marabunta de rostros obscenamente pálidos se arroja sobre Siton que abre fuego otras cuatro veces segando otras tantas vidas. Cuando se queda sin munición usa la culata del revólver como una maza. Golpea, patea y muerde a las manos que le agarran, pero el esfuerzo es en vano.
Algo le golpea en la cabeza y cae. Siente como varias manos fuertes como garras los arrastran por los túneles hasta que regresa a la enfermiza luz verdosa de la cisterna. Intenta revolverse una última vez, pero no hay nada que pueda hacer.
Sobre él, el inescrutable rostro del líder del culto le devuelve una mirada vacía a través de sus implantes oculares. Los brazos mecánicos le ponen en pie a la fuerza y se siente escrutado por decenas de ojos acusadores. Finalmente, una voz extraña surge del implante que sustituye a la boca de su captor. Habla pausadamente y con cierta dificultad, como si el sólo hecho de verbalizar palabras fuera algo absolutamente ajeno a su naturaleza.
—¡Shun-akus-Vor-foralonith-Chu-vaya-Chu-vor-Kun! Los Silentes otorgan y Los Silentes reclaman. Ve con ellos, profanador.
Siton no ve la daga, pero la siente cuando esta se clava en sus entrañas. El dolor es lacerante y cae sobre sus rodillas. Una vez más se ve arrastrado, esta vez hacia la piscina. Dejan atrás la abominación Xeno viviseccionada y la sangre de ambos se mezcla en las aguas oscuras.
Finalmente, las manos le sueltan. Flota todavía unos metros hasta que el peso de su abrigo de sintapiel empapado le arrastra hacia el fondo. Las aguas se cierran sobre el investigador. Ya no le duelen la herida ni los golpes. Ni tan siquiera le perturba lo gélido del agua subterránea; mientras la oscuridad le atrapa, su mente se pierde en los laberintos de túneles infinitos que hay bajo la Colmena Primus. Y va más allá, hasta alcanzar mares antiguos e ignotos. Y así el alma de Siton es recibida por quienes aguardan desde hace eones incontables… Y allí permanecerá, perdida para siempre en las profundidades.

Como habréis podido comprobar, el homenaje al terror lovecraftiano es evidente. ¡Y cómo no proceder así cuando Games Workshop  ha dejado clara la similitud entre los Delaque y la mitología cthónica del Círuclo de Lovecraft! El relato no logró alcanzar uno de los tres primeros puestos pero sí una mención que, dado el altísimo nivel de los participantes, es un premio en sí misma.

¿Y a vosotros qué os parece? ¿Créeis que el terror debería ser explorado con más profundidad en el universo de Warhammer 40k? ¡Dejad vuestra opinión en los comentarios!

4 comentarios en «En las Profundidades»

  1. Gran trabajo, Zaphariel!
    Se me hace tarde para ir al curro y no he podido dejarlo hasta el final. Reto conseguido: Engancha, transporta y transmite al oscuro mundo de los cultos de Chtulu… Y de Necromunda.
    Un saludo y bravo, maestro.

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    • ¡Muchas gracias! La verdad es que el trasfondo presentado en La Casa de las Sombras de Necromunda invitaba a un relato de esta índole. Me alegra saber que ha captado ese aire lovecraftiano que buscaba.

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  2. Me ha gustado mucjo Zapha. Buena union entre ambos universos. Los Delaque, si antes molabsn, ahora enamoran y relatos como este hacen que me gusten aun mas. Gran trabajo y enhorabuena por la mencion!

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