Historia de los Ángeles Oscuros IV

una legión reforjada

En anteriores artículos sobre la historia de los Ángeles Oscuros, hemos hablado de la senda que llevó a la Primera Legión desde los más altos honores hasta una imprudencia suicida que puso en peligro el futuro de los Ángeles de la Muerte. La desaparición de los más letales siervos del Emperador parecía sólo cuestión de tiempo hasta que una flota expedicionaria de la V Legión llegó a Caliban.

Caliban era un mundo boscoso, ubicado en el Segmentum Obscurus y peligrosamente cercano a la anomalía disforme conocida como el Ojo del Terror. Debido a la influencia del Empíreo, las bestias que moraban entre las frondas del planeta se encontraban entre las más letales de la Galaxia. Sin embargo, la humanidad había logrado sobrevivir frente a estos peligros desde la Vieja Noche.

La sociedad de Caliban era feudal. Pequeños asentamientos, fuertemente fortificados, servían como bastión para los endurecidos humanos que poblaban el mundo letal. La protección de estos refugios y fortalezas recaía sobre órdenes de caballería que vestían versiones arcaicas de servoarmaduras y esgrimían espada y pistola en defensa de los menos aguerridos.

Cuando las fuerzas imperiales llegaron a Caliban, este se encontraba a las puertas de una nueva era. Un líder sin parangón había unido a las órdenes de caballería y desatado una feroz cruzada para aniquilar a las bestias que poblaban la espesura. Este hombre no era otro que el Primarca Lion El’Jonson.

En otra ocasión hablaremos de los años que llevaron al León a su posición al frente de La Orden, pero de momento baste saber que fue encontrado como un huérfano por uno de los mejores caballeros, Luther, y que juntos transformaron su mundo en un lugar seguro para la humanidad. El descubridor y hermano de armas deLion sería de gran importancia en la historia de los Ángeles Oscuros, pero hablaremos de eso más adelante.

Lion El’Jonson vivió sus primeros años en los letales bosques de Caliban.

Una pequeña guardia de honor se adelantó al Emperador en su viaje hacia Caliban en busca de su primogénito. 500 veteranos, la mayoría de la Hueste de la Muerte, se mostraron ante los habitantes del planeta. Armados con sus armaduras negras ornamentadas con motivos funerarios, parecían seres surgidos de las leyendas de Caliban. Fueron estos guerreros los primeros en arrodillarse ante su padre genético y darle la bienvenida. El León quiso poner a prueba estos imponentes guerreros y retó a un duelo al capitán de la compañía. Aunque el Astartes no era rival para el Primarca, se ganó su respeto. Así, Lion El’Jonson bautizó a los legionarios como los Ángeles Oscuros, y el nombre se extendió a toda la Legión.

Cuando el Emperador llegó finalmente a Caliban, el León lo reconoció como su padre y su señor natural y le juró lealtad. El mundo letal pasó a ser la base de operaciones para la legión. Sus bosques fueron talados para dejar sitio a la industria y sus formidables habitantes reclutados para reforzar las mermadas filas de La Primera Legión.

El descubrimiento del Primarca llegó a oídos del consejo de Maestres en Gramayrne. Todavía afligidos por la vergüenza y el orgullo, seguían siendo una hermandad dividida. Algunos sentían remordimientos por el estado en que se encontraba la Legión, mientras que otros deseaban alcanzar una gran victoria que entregar como trofeo a su nuevo señor. Mientras tanto, el León acompañó a su padre a Terra donde sería instruido en las funciones que debería asumir en el Imperio y la Gran Cruzada.

La relación del León con sus hermanos nunca fue fácil. Para los otros Primarcas el León era hosco y altivo, propenso al mal carácter y a desoír los consejos de otros. Por su parte, Lion veía su cruzada contra las bestias de Caliban como tan solo la primera batalla de una campaña mucho mayor. Comprendiendo la imposible magnitud de la visión del Emperador, desdeñó cualquier cortesía en favor de una única tarea: matar. No tenía tiempo para los ideales caballerescos de Sanguinius, el odio arbitrario de Mortarion ni la obsesión de Fulgrim por la belleza.

Como el primero de los Primarcas, Lion El’Jonson era a la vez más y menos que sus hermanos. Una fuerza inhumana de destrucción cuya férrea voluntad le hacía más inhumano que Magnus o Mortarion. Podía medirse frente a cualquiera de los otros Primarcas, ya fuera en un duelo de espada contra Fulgrim o desarrollando una estrategia frente a Guilliman. Y aunque alguno le superara en los detalles, ninguno era su igual en el gran espectro de la batalla. Nadie poseía la determinación del León. Su talento y resolución, que algunos llamarían arrogancia, le proporcionaron pocos amigos, pero fue de entre todos los Primarcas el que más rápido estuvo listo para ponerse al frente de su Legión.

Dispersa y fracturada, La Primera Legión necesitaba desesperadamente la llegada de un líder que pudiera unirla y encaminarla de nuevo a la grandeza. Lion El’Jonson fue ese líder y proporcionó a sus hijos un nuevo propósito. Aunando las enseñanzas de Caliban con las de los primeros días de la Legión en Terra, dio forma a una nueva estructura mejor y más refinada. El símbolo de los Ángeles Oscuros pasó a ser el Aciarium, la espada alada.

La Primera Legión adoptó un nuevo símbolo que simbolizaba una nueva era.

El Primarca pronto reunificó a su Legión, dispersa por toda la Gran Cruzada. 100 000 guerreros fueron convocados a las salas ancestrales de Gramarye. Allí el León derrotó al campeón de la legión, Pyrhus Calagat, tras un duelo que duró una hora entera. Tras esta última prueba, la Legión al completo aceptó a su padre genético como el Maestre Supremo de los Ángeles Oscuros, líder de las seis alas del Hexagrammaton y Preceptor de las Órdenes Militantes. Como respuesta a los juramentos de lealtad de sus legionarios, el León pronuncio asimismo su propio voto hacia ellos:

Somos los Ángeles de la Oscuridad, para nosotros no habrá paz ni ningún fin que no sean la guerra y la muerte. No caminaremos entre las salas doradas del futuro de la humanidad, sino que permaneceremos resueltamente en la oscuridad más allá de estas. Mientras nos quede aliento, el Imperio no caerá, y no conoceremos la derrota, pues ofreceré a cada guerrero, cada gota de sangre de esta Legión, en nombre de la victoria, sin importar el precio”.

Así Lion El’Jonson restituyó el legado de La Primera Legión. Fundó las seis alas especializadas de combate y reformó las Órdenes Militantes a ejemplo de las órdenes de caballería de Caliban. Los caballeros calibanitas demasiado viejos para ser inducidos como Astartes, fueron mejorados mediante terrible cirugía y se unieron a las filas de la Legión. Luther, el hermano de armas y mejor amigo del Primarca el primero de ellos.

Comenzaba un nuevo capítulo en la historia de los Ángeles Oscuros. Las grandes salas de Gramarye fueron demolidas y sustituida por una fortaleza monasterio menor. Caliban pasó a ser el mundo natal de La Primera Legión, pero el cuartel general del León se estableció a bordo de su nave insignia, La Razón Invencible.

Los guerreros de La Primera no tardarían en marchar en pos de las estrellas para demostrar que seguían siendo la principal de entre las Legiones Astartes; y sería en Kharkasarn, donde su orgullo fue otrora quebrado, que el renacer de los Ángeles de la Muerte sería anunciado a toda la galaxia.

En el antiguo mundo fortaleza, la XIII Legión resistía contra una alzamiento de rebeldes. Tras ocho meses de combates contra abominaciones mutantes, los guerreros de Ultramar estaban rodeados y extenuados. Pocos esperaban que los Ángeles Oscuros regresaran al mundo que vio morir al Supremo Maestre Urian Vardiag hasta que la La Razón Invencible irrumpió en el sistema. La flota de naves negras descendió sobre el mundo rebelde con sus sistemas de desembarco ya preparados para desatar sobre Kharkasarn la furia de la Primera Legión. Se dice que al ver la llegada de los Astartes de negra armadura, el Pretor de los Ultramarines Artaeon abandonó su temperamento estoico y lanzó un grito de júbilo.

Lion El’Jonson lidera a sus guerreros. Imagen propiedad de Games Workshop.

El león marchó a la vanguardia de sus guerreros que aniquilaron con plasma y espada a aquellos que se habían alejado de la luz del Emperador. Cuando los Ultramarines salieron al encuentro de sus salvadores, esperaban recibir palabras altivas. Pero los Ángeles Oscuros ya no eran la Legión junto a la que habían luchado anteriormente. El León no tenía interés en despertar viejos agravios o debatir sobre victorias y honores. Tan pronto su trabajo hubo terminado, La Primera Legión se marchó sin celebraciones ni fanfarrias dejando únicamente un estandarte tras de sí.

El mensaje estaba claro: Lion El’Jonson no estaba interesado en la política, ni en construir imperios o monumentos a su grandeza. Su único propósito eran la guerra y la muerte que llevaría sin descanso a los enemigos del Imperio.

Hasta aquí este artículo, tal vez el que marca el hito de mayor importancia para la legión hasta los oscuros días de la Batalla de Caliban. Esperamos que la llegada del león os haya resultado tan interesante como a nosotros y, si deseáis saber más sobre el primero de los Primarcas, no os preocupéis, pronto escribiremos un artículo dedicado por completo a su figura.

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